Hace unos cuantos años trabajé en una marca de marroquinería en la cual aprendí muchísimo sobre el cómo de producir manufactura y un poco menos sobre cómo manejar un negocio. Esto creo que fue el puntapié inicial, y al mismo tiempo inconsciente, donde empezó Canchera.
Dejé ese trabajo, y un tiempo después me encontré haciéndome mis propias mochilas. La cuestión, empezó realmente cuando iba a la facultad con mi mochila y mucha gente me la elogiaba, o me preguntaba donde la había comprado, o, si las hacía yo, cómo hacía para comprarme una.
El tiempo pasó, no era ese el momento, pero yo seguí haciéndome mis mochilas y algunas a amigas o compañeras.
De a poco, la idea de empezar a producir mochilas para la venta al público, empezó a tomar cada vez más consistencia y presencia en mis pensamientos. Hasta que, después de haber decidido formar parte de un viaje, me prometí que iba a juntar el dinero que me faltaba haciendo mochilas y vendiéndolas.
Terminó el año lectivo en la universidad (2014) y ya podía ponerme a trabajar en mi proyecto. Tenía poco tiempo (4 meses) para empezar el negocio, hacerlo funcionar, y juntar el dinero que necesitaba.
El objetivo era claro, el dinero, y el condicionante más importante el tiempo.
Mis recursos en ese momento eran: conexión a internet, máquina de coser, algunas telas, un poco de plata, el desarrollo de producto ya estudiado (el de las mochilas que me hacía para mi), el auto de mi madre a mi disponibilidad, y un trabajo fijo.
El recurso del dinero:
Es, para mi, el interrogante más grande para las personas que están pensando en concretar una idea y no se animan. O, por lo menos, es lo que me sucedía a mi.
Siempre desconfié mucho del discurso "empezamos de cero". Es que me pasó varias veces, de escuchar a emprendedores decirlo, y acto seguido, "teníamos sólo $20.000...". Que, en verdad, con los valores que se manejan en una empresa, no es nada. Pero me daba intriga saber si en vez de empezar con $20.000, sería capaz de hacerlo con, no sé, $500.
Lo que me llevó a pensar, que, a pesar de las buenas ideas y de las ganas de concretar algo, el recurso económico era un condicionante inaludible. Después de analizarlo mucho, me desprendí de ese prejuicio y decidí armar mi propia historia; probar, en la práctica, si esto era cierto, o si realmente se puede empezar desde un par de escalones abajo. No desde cero, pero si desde un manejo de dinero mucho menor. Yo trabajaba en la panadería de mi abuelo, y lo que ganaba ahi más un poco de ayuda extra, debía ser suficiente.
Elegí un nombre: VARONERA
Quería que la marca me represente. Varonera es una palabra acuñada en los años 90 en Argentina, la década en la que nací. Además me parece una palabra muy graciosa, como muchos modismos cuando quedan en desuso. Habla de una mujer poco convencional. Básicamente, tiene actitud y sentido del humor.
Armé una fanpage en Facebook con un logo improvisado por mi.
Compré, en cuotas, los materiales que necesitaba para confeccionarlas. Telas, cierre, broches y cintas. (unos $2000)
Busqué una persona para la confección ya que diciembre es un mes de mucho trabajo en la panadería y decidí delegar esa tarea. Entré a un grupo de facebook de confeccionistas y publiqué mi convocatoria. Encontré una persona que estaba cerca de mi casa y cobraba poco ($35 por mochila). Yo me ocupaba de cortar la tela y preparar todas las partes listas para coser. Cosió alrededor de 20 mochilas. No quedé conforme, pero me sirvió.Con la ayuda de una amiga, les sacamos fotos para publicar en la página. Vendí, entregando puerta a puerta, unas 12 mochilas.
El rédito claro que fue menos del esperado, como suele suceder, pero pude viajar de todas maneras. Aunque lo más importante es la sensación de haberlo logrado. Algo que había estado en mis fantasías durante un tiempo, haberlo podido ver realizado, fue increíble.
Volví decidida a volver a tomar las riendas del proyecto y llevarlo a un escalón más arriba. Fue entonces que empecé a pensar en todo lo que debería a hacer y a organizarme.
Fue como empezar nuevamente pero con otro objetivo. Ya no el de juntar dinero en 4 meses, sino insertar una marca en el mercado de forma estable. Entonces, dejé en suspenso la página y busqué un diseñador gráfico para desarrollar la identidad visual, mientras que al mismo tiempo, yo me dedicaba al desarrollo del producto. Sin ventas ni producción.
Esto fue lo que me hizo pensar en la cualidad de cuidado de mi proyecto. Tiene que ver con no apurar las cosas, con tomarse el tiempo para cada pequeño avance. Detenerse a pensar en los detalles. Es importantísima la paciencia.
Y acá estoy, incubando mi proyecto, cuidándolo, para que cuando salga a la luz pueda defenderse por si mismo y me haga sentir orgullosa.
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