domingo, 28 de junio de 2015

Etapa incubadora

Mi intención es contarles de forma detallada y clara cada paso que doy en mi proyecto personal: Canchera.

Hace unos cuantos años trabajé en una marca de marroquinería en la cual aprendí muchísimo sobre el cómo de producir manufactura y un poco menos sobre cómo manejar un negocio. Esto creo que fue el puntapié inicial, y al mismo tiempo inconsciente, donde empezó Canchera.
Dejé ese trabajo, y un tiempo después me encontré haciéndome mis propias mochilas. La cuestión, empezó realmente cuando iba a la facultad con mi mochila y mucha gente me la elogiaba, o me preguntaba donde la había comprado, o, si las hacía yo, cómo hacía para comprarme una.
El tiempo pasó, no era ese el momento, pero yo seguí haciéndome mis mochilas y algunas a amigas o compañeras.
De a poco, la idea de empezar a producir mochilas para la venta al público, empezó a tomar cada vez más consistencia y presencia en mis pensamientos. Hasta que, después de haber decidido formar parte de un viaje, me prometí que iba a juntar el dinero que me faltaba haciendo mochilas y vendiéndolas.
Terminó el año lectivo en la universidad (2014) y ya podía ponerme a trabajar en mi proyecto. Tenía poco tiempo (4 meses) para empezar el negocio, hacerlo funcionar, y juntar el dinero que necesitaba.
El objetivo era claro, el dinero, y el condicionante más importante el tiempo.
Mis recursos en ese momento eran: conexión a internet, máquina de coser, algunas telas, un poco de plata, el desarrollo de producto ya estudiado (el de las mochilas que me hacía para mi),  el auto de mi madre a mi disponibilidad, y un trabajo fijo.

El recurso del dinero:
Es, para mi, el interrogante más grande para las personas que están pensando en concretar una idea y no se animan. O, por lo menos, es lo que me sucedía a mi.
Siempre desconfié mucho del discurso "empezamos de cero".  Es que me pasó varias veces, de escuchar a emprendedores decirlo, y acto seguido, "teníamos sólo $20.000...". Que, en verdad, con los valores que se manejan en una empresa, no es nada. Pero me daba intriga saber si en vez de empezar con $20.000, sería capaz de hacerlo con, no sé, $500.
Lo que me llevó a pensar, que, a pesar de las buenas ideas y de las ganas de concretar algo, el recurso económico era un condicionante inaludible. Después de analizarlo mucho, me desprendí de ese prejuicio y decidí armar mi propia historia; probar, en la práctica, si esto era cierto, o si realmente se puede empezar desde un par de escalones abajo. No desde cero, pero si desde un manejo de dinero mucho menor. Yo trabajaba en la panadería de mi abuelo, y lo que ganaba ahi más un poco de ayuda extra, debía ser suficiente.

Elegí un nombre: VARONERA
Quería que la marca me represente. Varonera es una palabra acuñada en los años 90 en Argentina, la década en la que nací. Además me parece una palabra muy graciosa, como muchos modismos cuando quedan en desuso. Habla de una mujer poco convencional. Básicamente, tiene actitud y sentido del humor. 
Armé una fanpage en Facebook con un logo improvisado por mi.
Compré, en cuotas, los materiales que necesitaba para confeccionarlas. Telas, cierre, broches y cintas.  (unos $2000)
Busqué una persona para la confección ya que diciembre es un mes de mucho trabajo en la panadería y decidí delegar esa tarea. Entré a un grupo de facebook de confeccionistas y publiqué mi convocatoria. Encontré una persona que estaba cerca de mi casa y cobraba poco ($35 por mochila). Yo me ocupaba de cortar la tela y preparar todas las partes listas para coser. Cosió alrededor de 20 mochilas. No quedé conforme, pero me sirvió.
Con la ayuda de una amiga, les sacamos fotos para publicar en la página. Vendí, entregando puerta a puerta, unas 12 mochilas.
El rédito claro que fue menos del esperado, como suele suceder, pero pude viajar de todas maneras. Aunque lo más importante es la sensación de haberlo logrado. Algo que había estado en mis fantasías durante un tiempo, haberlo podido ver realizado, fue increíble.
Volví decidida a volver a tomar las riendas del proyecto y llevarlo a un escalón más arriba. Fue entonces que empecé a pensar en todo lo que debería a hacer y a organizarme.
Fue como empezar nuevamente pero con otro objetivo. Ya no el de juntar dinero en 4 meses, sino insertar una marca en el mercado de forma estable. Entonces, dejé en suspenso la página y busqué un diseñador gráfico para desarrollar la identidad visual, mientras que al mismo tiempo, yo me dedicaba al desarrollo del producto. Sin ventas ni producción.
Esto fue lo que me hizo pensar en la cualidad de cuidado de mi proyecto. Tiene que ver con no apurar las cosas, con tomarse el tiempo para cada pequeño avance. Detenerse a pensar en los detalles. Es importantísima la paciencia.
Y acá estoy, incubando mi proyecto, cuidándolo, para que cuando salga a la luz pueda defenderse por si mismo y me haga sentir orgullosa.

Community manager de la muerte

Retomando el concepto que nombré ayer como "brainstorming no intencionados", quisiera explayárme un poco en él, a raíz de una anécdota personal. Voy a intentar hacer el desarrollo de una idea que surgió como un chiste en una charla con amigas. Para ejemplificar con un caso totalmente real y personal lo que les quise explicar en pocas palabras; mostrarles, que las ideas están en todos lados, y que se puede proyectar sobre lo que uno lo desee, siempre que uno lo desee.

La charla era sobre qué aspecto de la muerte nos daba miedo. Es importante aclarar que hablábamos de dos tipos de muerte: si fuera hoy, con 23 años, o el miedo a la muerte en general en una situación más esperable.
En el caso que muriéramos hoy, surgieron 3 temores o preocupaciones: la tragedia que sería para quienes se quedan, el abuso sexual en la morgue, y el manejo de la vida privada, mas que nada virtual, post-mortem.
Este último lo nombré yo y me refería, por un lado, a la vida privada en general: uno no quisiera que nadie le ande revisando conversaciones, páginas visitadas, etc. Pero esto en verdad no tiene mucho sentido porque uno ya no está. Lo dije porque cuando traté de imaginarme la situación de dejar de existir hoy mismo sin ser avisado ni nada, pensé en unas zapatillas que tengo pedidas a un importador. Que sólo yo sé que las encargué y no voy a estar para avisarle que estoy muerta. Esa persona va a pensar que simplemente dejé de contestarle. O, también, ahora una diseñadora gráfica que está trabajando para mi, sólo yo sé quién es y cómo comunicarme con ella y me gustaría que le avisen. Cosa que no va a suceder si yo muero de forma inesperada.
Y entonces ahí, llegó, la idea!
Y dije, sin pensarlo, necesitamos un community manager de la muerte!
Una persona que se encargue de toda nuestra vida virtual si nos llegásemos a morir inesperadamente.
Alguien al que actualicemos sobre este tipo de cuestiones administrativas, y sepa nuestras cuentas y contraseñas.
Estas últimas lineas es lo que yo llamo, idea troncal. E inmediatamente que yo propongo esta idea, todos vamos adhiriendo ideas sobre cómo sería mas específicamente este proyecto: ideas adyacentes. Como por ejemplo, opción de cierre de todas nuestras cuentas previo aviso público y a ciertas personas en particular, o bien manejo de la cuenta en nuestro nombre. En caso de desaparición, qué foto debe mandarse a los medios. Y muchas morbosidades más que fueron saliendo de la boca de las tres casi sin respirar, impulsadas por esta idea rectora, o troncal, o disparadora, o madre, o como quieran.
Entonces, para comenzar a organizar este proyecto uno debe hacerse muchas preguntas o, mejor dicho, una lista de tareas. En este caso, hablamos de un servicio. Si fuera que hablamos de una manufactura, u otro tipo de negocio, sería diferente.

Decidir objetivo (lucrativo, recreacional, etc)
Elegir un nombre
Elegir un target
Elegir un equipo de trabajo
Organizar los servicios según categorías y de qué manera van a ofrecerse: puede ser por pack, como las empresas de telefonía movil (minutos de llamada+megas de conexion+sms)
Decidir canales de venta
Desarrollar una identidad visual
Calcular costos




domingo, 14 de junio de 2015

Dónde nace un proyecto. La idea.

Nunca les pasó, estar reunidos con amigos y empezar a proponer ideas sin ningún tipo de intención de pensarlas en serio y mucho menos concretarlas?
Seguro que sí!
Lo cierto es que en esas charlas surgen ideas totalmente delirantes y otras, que no lo son para nada.
Yo he escuchado desde poner un bar sólo para perros hasta formar un grupo de covers de openings de telenovelas argentinas. Esos brainstorming no intencionados son un buen momento para prestar atención y pescar algunas ideas.

Cuando estamos relajados o realizando alguna tarea mecánica, que no implique un esfuerzo mental, nuestro pensamiento consciente cesa y sale a flote nuestro inconsciente, en forma de recuerdos del pasado o ideas que estuvieron dando vueltas durante el día, mes o año. A mi me sucede, y es muy común, cuando estoy por dormirme o cuando estoy despertándome. A este momento, entre la vigilia y el sueño, se lo llama Hipnagogia.

Por eso los reconocemos como momentos muy creativos y hay que aprovecharlos.

No quiero decir que las ideas que surgen de estos ejemplos sean las que debamos llevar a cabo literalmente. Sino, que hay que estar atentos a ellas, y registrarlas siempre que se pueda, para mantenernos predispuestos a la creatividad.

La elección de la idea no es algo al azar, viene directamente del deseo de concretarla, lo cual, para mi, es el resultado natural de encontrarse abierto a que este llegue.
Si tomáramos una idea al azar y quisiéramos convertirla en proyecto caprichosamente, seguramente fracase. Porque es real que para tener éxito uno debe comprometerse y, para eso, debe desearlo.

Es probable que aquella idea que va a ser la troncal de nuestro proyecto sea aquella que se repite constantemente en nuestros pensamientos. Algunos podrán decir que el universo les manda señales, otro que es el destino y otros que, nuestra mente se las arregla para traer esa idea a flote siempre que puede.

viernes, 12 de junio de 2015

¿Qué es un proyecto cuidado?

Es increíble cómo las definiciones literales de las palabras proyecto y cuidado expresan exactamente lo que quiero.
Un proyecto cuidado es el conjunto de planes, propuestas, pensamientos, instrucciones cálculos, dibujos e ideas detallados en función de la ejecución de ALGO. Que se lanzan hacia adelante, que nos hace visibles, que refleja nuestras virtudes y nuestros defectos. A los que les ponemos toda nuestra atención e interés, y vigilancia para su bienestar y buen funcionamiento, para los que nos esmeramos en hacerlos bien; por los que nos preocupamos y tememos, ya que están a nuestro cargo. Los asistimos cuando nos necesitan, los protegemos y conservamos.

jueves, 11 de junio de 2015

Bienvenidos!

Hola!
Qué tal? Mi nombre es María Agustina Manzano y soy una pequeña y emergente empresaria argentina. Más precisamente bonaerense. Tengo 23 años y vivo en la localidad de San Justo. Me interesa todo lo que tiene que ver con la creatividad, la puesta en marcha, y la cultura web. Por eso nace Proyectos Cuidados:
Un espacio para compartir con ustedes mi experiencia en este camino hacia el (eso espero) éxito con mi empresa de equipaje Canchera.
Además me gustaría contarles sobre proyectos que creo que vale la pena conocer y aprender de ellos.
¿Qué más vas a poder encontrar? Webs, datos de libros, revistas, consejos y todo lo que creo que te puede ayudar a concretar tu proyecto.
Mi objetivo es mostrarles que se puede, sí, pero también qué debemos hacer y con qué debemos contar para que se pueda. Porque he leído por ahí una millonada de veces a emprendedores que dicen haber empezado "de cero". Y la verdad CERO, para mi, no existe. O si existe, de qué se trata? Qué pasa con los qué están bajo cero?